Creado por Eonwe el jul 7, 2011 en Actualidad, Portada | 0 comentarios
Hacía tiempo que le daba vueltas a una nueva sección para el blog. La idea era entrevistar a gente cualificada profesionalmente, especialistas en su campo, expertos que no hubiesen vendido completamente su alma al diablo y que fueran capaces por tanto de moverse con cierta dignidad fuera del circo mediático habitual. Sí; hablo de rarezas, de angelitos desacostumbrados a lo que coloquialmente llamamos “lamer culos”, o a sonreír con acidez estomacal mientras vomitan respuestas políticamente correctas. Ya sabéis, en los tiempos que corren, toda una proeza. El objetivo era y es pues bajar de los altares periodísticos (o subir de los infiernos), tomando el pulso de realidad a esos espacios profesionales generalmente inaccesibles para el gran público, prescindiendo para ello de las tres pesadas capas de maquillaje que pringan sus vitrificados suelos.
Mi primera entrevistada es Rosa María Agasta. Abogada especialista en varios campos y ejerciente desde hace 8 años en la ciudad de Valencia. Tiempo ha que me debe esta entrevista pero ya conocéis a los abogados de calle, es casi imposible retenerlos más de cinco minutos en un mismo lugar. Así que el miércoles la asalté sin compasión camino de su despacho, a eso de las tres de la tarde. Rosmary siempre tiene mérito. Es difícil sonreír a cuarenta grados: “Venga, te invito a un sandwich vegetal”, y no pude sino responder solícito y socarrón “como guste señora letrada”.
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Siempre quise evitar que el blog se convirtiera en un improvisado confesionario de tres al cuarto. Traducido significa que esto no es una taberna swinger señores, ni hay happy hour, ni señoritas ligeras de cascos enroscadas a la barra americana, ni agujeritos voyeur empotrados en las paredes enmoquetadas. No. Aquí hay disciplina, cucarachas, seriedad, Dios y enfrentados en su altura, sendos retratos de Monseñor Rouco Varela y Maese Aznar presidiendo la fiesta. Punto.
No obstante he de admitir que hay ciertas cosas que doblegan nuestra fuerza de voluntad. Cada uno tenemos nuestro pequeño talón de Aquiles: maníacos secretos inconfesables que a menudo desbordan nuestra capacidad de atención y exponen nuestra impía naturaleza a los elementos. En mi caso, desgraciadamente, los dedos de las manos son insuficientes para ocultar -y contabilizar- tamañas desvergüenzas, así que nudo y humillado, me dispongo una vez más a mostrar los recovecos de mi alma a los miles de “followers” que diariamente me siguen con prístina abnegación -muchos de ellos sin siquiera desayunar- desde la red de redes¹.
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Creado por Eonwe el jun 16, 2011 en Actualidad | 0 comentarios
Los políticos están indignados. Los medios de comunicación rezuman hoy pletóricos de sangre, grafitis y cáscaras de plátano mientras el conseller de interior, Felip Puig, se baña con leche de burra en su piscina de autocomplacencia. Todos, absolutamente todos esperaban con enfermiza impaciencia su ración de venganza ritual. Aquí está. Sus redactores amaestrados, sedientos, congestionados, finalmente liberados en su desazón se lanzan sin apenas una vista atrás al cuello de la bestia. La boca, seca, pegajosa, repleta de palabras que ahora sí, por fin, bajo la evidencia contrastada vuelven a recobrar su verdadero sentido. Democracia. Democracia. Democracia. Que ironía. Suena hasta mejor ahora, cuando en la ciudad de las rosas, los trinos cortan de nuevo el aire matutino con su fragancia a primavera marchita y el calor mediterráneo nos recuerda que los sueños, señores, sueños son.
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El amor, a diferencia de la amistad, es un sentimiento que no necesita reciprocidad, acaso siquiera compromiso. Tan banal es en su concepción que puede sobrevivir alimentado sólo en su ida, unidireccionalmente, sin importar que el objeto de nuestra devoción sea Kate Upton, Federico Jiménez Losantos, un póster de Cristiano Ronaldo o el sello descolorido de la bruja Dorotea. Los años, eso sí, lo hacen a uno escéptico, así que los flechazos se reciben estoicamente, con el gorjal abrochado y la bragadura en su sitio, resultando complicado encontrar nichos donde asentar estos nuevos objetos de admiración, prevenidos como estamos ante la silicona, las sonrisas Profident o la obsolescencia programada.
Siendo yo un fetichista confeso de la celulosa, un consumado Grenouille de las hojas desgastadas -que no consumado lector-, resulta aún más extraño admitir mi nuevo amor por un juguetito que para más inri ni siquiera destila ese olor snob y medio dulzón a manzanita de Cupertino. ¡Demonios si ni siquiera es táctil! Tal sacrilegio a la ultramodernidad sólo podía conseguirlo el archiconocido Kindle 3 Wifi de Amazon.
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Si hay algo que define con precisión este principio de siglo es esa suerte de determinismo fatalista. Esa creencia inveterada en un destino funesto e ineludible cuyo origen estaría en la misma naturaleza imperfecta del hombre. Entiéndase esta afirmación realizada sin rigor filosófico alguno, sino como forma adecuada de expresar esa sensación preeminente de desánimo que parece afectar de forma masiva a los seres humanos. La fuerza de los grandes acontecimientos de final de siglo, la caída del muro de Berlín -la debacle comunista-, el auge desatado del liberalismo económico -liberado ya física e ideológicamente de sus contrapuntos- la brutal desregularización de los mercados financieros y la consolidación de unas democracias abocadas a doblegarse ante la infalibilidad económica del propio sistema, han subyugado progresivamente nuestras voluntades tornándonos cada vez más insensibles a la vez que permeables a su poderosa influencia. La avaricia, la apariencia, la permanente comparación, el egoísmo impenitente son pecados capitales que sólo pueden ser transmutados, sublimados, trascendidos a través de un complejo sistema alquímico de profundidad económico-cabalística -inaccesible para los mortales- cuya efectividad transforma nuestros humores en una energía tan límpida e inefable que es ya por derecho propio motor necesario, combustible inigualable del avance humano. Sin alternativas, los efectos colaterales de este sistema devienen forzosamente asumibles. La desigualdad, la corrupción, la falta absoluta de transparencia, de integridad, alentada la incultura, la desinformación, las múltiples desviaciones son sólo algunos de los peldaños torcidos del este interminable proceso de autoperfeccionamiento del propio sistema, indisolublemente imbricado al parecer ya en el alma humana.
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Después de seis días de protestas y a veinticuatro horas de la cita electoral la sensación sigue siendo de profunda indignación. Después de observar con atención las reacciones de los amos feudales del bipartidismo, la conclusión es pues definitiva: no se enteran de nada. O no se quieren enterar que a efectos prácticos viene a ser lo mismo. De la estupefacción inicial pasaron a la desorientación general, ante la imposibilidad de contrarrestar con dignidad una crítica en la que ellos mismos son el objetivo. Esta vez no se pueden unir a la multitud interesadamente, saltar a las calles, sacar “dientes” ante las cámaras y adjudicarse como victoria propia la indignación de un pueblo. Contrataron sociólogos de masas, eso sí, psicólogos de urgencia, asesores de postín, evaluaron las posibilidades, discutieron en sus engalanados despachos y maldijeron su suerte perruna en el excusado.
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Creado por Eonwe el may 13, 2011 en Actualidad | 0 comentarios
Seis de la tarde. Concentración máxima. El trabajo lo exige, pulso de acero, precisión cirujana. Un milímetro a la derecha y el paciente quedará incapacitado, quizá para siempre. Maldita sea. Una gota de sudor con aire hollywoodiense resbala peligrosa, deslizándose con alevosía sobre mi frente febril, como a cámara lenta. Bloqueo los brazos, tensionados, esperando el momento preciso para ejercer la presión. Concentración. Concentración máxima. Cielos, allá arriba, un grasiento tubo de luz fluorescente parpadea con un chasquido durante una fracción de segundo. Expiro por última vez, allá vamos. Uno, dos, tres….¡Aummmpff!
¡Rafa Lóooooopez! Tachán, tacháaaaaan, tarara, tachán ¡Lóopezzzz! ¡Vota Rafa López! ¡Vota Rafa López!¡Promesas cumplidaaas! Cumplidas. Mi mano resbala cumplida sobre el metal con un crujido fatal. Raaac. Fin de la historia y resultado: papel y un sólo agujero, sin gemelo, vacío. Como un antigravitatorio astro que atrajera cenital la gota que cae ahora desde mi nariz sobre la impoluta mesa, formando una figura orgánica de oxígeno, hidrógeno y cloruro sódico. Giro mi cabeza hacia la puerta acristalada, allá al fondo, justo en el momento en que el coche naranja (empapelado hasta la bandera) desfila con la jeta photoshopeada del mendrugo que me sonríe con fruición. ¡Vota Rafa Lópeeeez! ¡Promesas cumplidaaaas! Cumplidas. Apoyo los nudillos en la mesa para un segundo después, dejarme caer sobre el sillón basculante, mis dedos sobre el puente de la nariz. Cierro los ojos. Otra vez será.
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